¿Cómo cambias cuando te conviertes en mamá?

Comparte esto en

Desde que eras niña, tu madre te decía que algún día entenderías muchas cosas: como cuando se preocupaba por ti, no te dejaba hacer algo, te pedía tu ayuda, se desvelaba contigo, te hacía comer verduras y hacía mil cosas que a ti te parecían algo natural.

Hoy ves todo lo que hacía y te sorprende la fuerza física y de voluntad que tuvo mientras te educaba. Ahora que tienes uno o más hijos, pasaste o sigues viviendo cambios que, aunque no lo creas, te harán sacar la misma fuerza (por no decir “superpoderes”) que tuvo ella y te hicieron conocer una nueva faceta de ser mujer: convertirte en mamá.

Veamos a continuación algunos cambios por los que pasan las mamás. Seguro te identificarás con ellos si ya lo eres, o lo harás pronto si estás esperando a tu primer bebé.

Eres más valiente.

Este cambio viene desde el cerebro: la prolactina, que funciona como neurotransmisor, te hace sentir con más valor y menos ansiedad. Las madres que dan pecho tienen niveles hasta ocho veces más altos de esta hormona en la sangre.

“Multitask” es tu segundo nombre.

Si antes podías realizar un par de tareas al mismo tiempo, hoy harás hasta malabares al mismo tiempo que cuidas a tu bebé. Ahora estableces prioridades, eres más eficaz y tomas decisiones en un segundo para resolver un problema.

Olvidas lo que es el asco.

Ahora no lo piensas dos veces para ponerte, literal, “con las manos en la masa” y limpiar lo que sea que haya pasado con tu bebé.

Eres más compasiva.

Desde antes de tener a tu bebé ya te preocupas y sientes empatía no sólo por tu hijo, sino por el de tu hermana, el de tu vecina, el de esa señora del otro lado de la calle, etc., y no soportas saber que un niño la pase mal cerca de ti, en las noticias o en las películas.

Tienes maestría en creatividad.

Pareciera que Meryl Streep te dio lecciones de improvisación y de la nada pueden surgir melodías, marionetas, juegos o cuentos que incluso puedes relatar cambiando de voz para cada personaje con tal de entretener a tu pequeño, especialmente si se siente triste, asustado o enfermo.

Te mantienes alerta.

Estando dormida sientes el más ligero movimiento de tu bebé, reconoces su llanto con los ojos cerrados y sabes si algo no está bien con solo tocarlo.

De verdad sientes que tienes superpoderes.

La telepatía, por ejemplo: no sabes cómo pasó pero tu bebé no necesita hablar para decirte cómo se siente. El contacto piel a piel muchas veces es todo lo que necesitas, esto tiene un efecto en el cerebro que establece un vínculo entre los dos.


TE PUEDE INTERESAR...