Cómo escoger la silla de auto correcta para tu bebé

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La silla de auto para bebé es la única forma en que tu pequeño puede viajar seguro, esto evitará o hará menos probable una lesión en caso de accidente. No importa si harás un trayecto corto, es muy importante que compres la adecuada para su peso, la coloques como se debe y no compres sillas de segunda mano, ahora te explicamos por qué.

 

Qué silla comprar

No todas las sillas son iguales: éstas se dividen en grupos de acuerdo a la talla y peso del bebé. No se recomienda comprar una silla con base en la edad ya que no todos los niños crecen de la misma forma.

Éstos son los grupos de sillas de acuerdo al peso. Te decimos aproximadamente a qué edad corresponden, aunque el parámetro que debes tomar en cuenta es el peso. Los fabricantes de sillas indican cuánto peso soportan y en el manual de usuario debe decir cómo colocarla según su tamaño.

 

Grupo Criterio para elegir (peso) Edad aproximada
Grupo 0 Hasta 10 kg Hasta 9 meses
Grupo 0+ Hasta 13 kg Hasta 15 meses
Grupo I De 9 a 18 kg Desde 8 meses hasta 3 o 4 años
Grupo II De 15 a 25 kg Desde los 3 hasta los 7 años

 

El peso determina la resistencia de la silla, por eso es importante usar la adecuada: un niño demasiado grande para una silla de un grupo menor puede ser vulnerable en caso de accidente, y un niño pequeño puede lastimarse al viajar en una silla que le quede grande.

¿De frente o de espaldas?

Las sillas para coche modernas son fáciles de instalar, pero muchos papás tienen la duda sobre instalar la silla de frente o de espaldas. Lo más seguro para un bebé es viajar de espaldas, ya que si el auto se detiene en seco, su cabeza junto con su cuerpo no se separan de la autosilla. Las sillas de bebé colocadas hacia el frente protegerán su torso pero la cabeza se puede ir hacia adelante en caso de un frenado muy brusco.

Si no te gusta que tu bebé viaje de espaldas, puedes pensar qué tipo de viaje harás y la distancia, pero si usarás la silla en la ciudad, utilizarás vías principales, rápidas o carreteras, por lo que definitivamente recomendamos instalar la silla de espaldas.

¿Por qué no es bueno comprar sillas de segunda mano?

Los bebés crecen y dejan de usar las cosas, como mucha de su ropa, que se va con algún familiar o amigo para que se pueda seguir usando, pero las sillas no deben ser recicladas.

Aunque una silla para bebé se vea como nueva, nunca sabes si estuvo involucrada en algún accidente automovilístico y tenga algún daño interno que no se aprecia o que los cinturones ya no ofrezcan la misma protección. Cuando no sacas la silla de auto de su caja original por primera vez, corres el riesgo de comprarla y que le falten piezas importantes como el manual de usuario, el cual es básico para instalar bien la silla.

Distintas organizaciones a nivel mundial buscan prevenir a los padres de comprar sillas para auto de segunda mano por el riesgo que implica para la vida de los bebés.

Ven a Babies&More y conoce todas las opciones que tenemos. Sabemos que la vida de tu bebé es lo más importante. Si tienes dudas, siempre puedes preguntarle a nuestro equipo para estar seguro de que tu bebé viajará protegido.

B-Safe 35 de Britax.

  • Protección contra impacto lateral.
  • Fácil de colocar y asegurar en el asiento del auto.
  • Compatible con la carriola Britax para pasar del automóvil al cochecito con un click.

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Sirona de Cybex.

  • Sistema de rotación de 360º para hacer más fácil el movimiento.
  • Reduce el riesgo de lesión en caso de impacto al viajar de frente.

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4Ever de Gracco.

  • 4 en 1, silla convertible de auto.
  • El sistema de arnés es seguro y sencillo.
  • 10 posiciones diferentes para la cabecera.

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Consejos para evitar que tu hijo se chupe el dedo

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Desde que están en el vientre, los bebés se chupan el dedo, la succión es un reflejo desde antes de nacer; el dedo es la extremidad de su cuerpo que pueden chupar y lo harán también con cualquier cosa que les toque la boca.

Al cumplir los 4 o 6 meses, la succión pasa de ser un reflejo a ser un acto consciente, y los bebés lo usarán para todo: alimentarse, calmarse, conocer su entorno y descubrir texturas, formas, sabores, etc., ya que tienen muy desarrollado el tacto en la boca y el sentido del gusto.

Algunas razones por las que los niños se chupan el dedo son porque están aburridos, tienen hambre, sueño, están enfadados o varias razones distintas, también les será útil para que concilien el sueño. Esta conducta no debe ser una preocupación: muchos niños dejan de hacerlo por sí solos entre los dos y cuatro años. Después de esta edad será necesario ayudarlos a que lo dejen si no lo hicieron ya.

Esto es importante porque si siguen chupándoselo, puede haber consecuencias  como malformaciones del paladar y de la posición de los dientes, inflamación de encías, infecciones, etc.

Te damos algunos consejos para corregir la conducta de chuparse el dedo si aún no lo dejan por ellos mismos después de cierta edad. Recuerda que debes hacerlo con mucha paciencia para no convertirlo en una mala experiencia para ambos.

Terapia de sustitución.

Aunque es normal que siendo bebé se chupe el dedo para dormir, puedes comenzar a darle algo para que lo acompañe en su sueño, como un peluche que abrace y sustituya el dedo. Cuando se acostumbre a que no necesita chuparse el dedo para dormir, también acuéstalo algunas veces sin el peluche, para que ahora no dependa de un objeto para conciliar el sueño.

Cálmalo con otras técnicas en momentos de ansiedad.

Si se chupa el dedo cuando está ansioso o enfadado, puedes calmarlo de otras formas y que vea que te ocupas de él, como un abrazo, caricias, juegos o hablando, para que exprese sus emociones de otras formas.

Mantén sus manitas ocupadas.

Los niños de más de 3 años se pueden chupar el dedo porque están aburridos. Puedes animarlo a hacer otras actividades donde tenga que usar las manos, como manualidades, pintar o jugar con plastilina no tóxica, siempre bajo supervisión. Al tener su mente y sus manos ocupadas, no necesitará chuparse el dedo.

Utiliza el refuerzo positivo.

Esto es útil con niños más grandes que se chupan el dedo y, en general, es usado para modificar conductas infantiles. Consiste en usar una recompensa cada vez que el pequeño actúe de la manera adecuada, puede ser algo que al niño le guste, pero que a ti no te cueste mucho dinero.

El nivel de exigencia puede aumentar con el tiempo, así el autoestima de tu hijo se enriquece al sentir que está logrando los objetivos que se le piden.

Hablar con el niño.

Dale una explicación sencilla que a su edad pueda entender y por qué no debe chuparse el dedo; háblale de los beneficios para él de no hacerlo, no lo compares con otros niños o le digas cosas que le puedan quitar confianza. Recuerda hablar con él cuando ambos estén tranquilos para que tome bien tus palabras.

La violencia y gritos quedan fuera.

Tu hijo espera que tú seas la persona que lo comprenda y siempre debes buscar formas de hacer que se deje de chupar el dedo sin hacerlo sentir mal. Selecciona bien las palabras que usarás si están en público: para él sería impactante sentirse en ridículo por algo que hasta ahora había sido normal.

Si a los 5 años se sigue chupando el dedo después de haber intentado distintas formas de evitarlo, lo recomendable es hablarlo con el pediatra, él te podrá ayudar o canalizar con el especialista indicado para trabajar en ello. Recuerda que la paciencia es clave para lograrlo sin lastimar la autoestima de tu pequeño.


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¿Qué hace que un hombre sea un buen padre?

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¿Recuerdas el momento en que te dieron la noticia? Experimentaste sentimientos mezclados: incertidumbre, alegría, temor, impaciencia, amor y muchos más. Pero si estás leyendo esto es porque los sentimientos positivos de amor y alegría superaron a todos los demás y tienes un interés es ser el mejor para tu hijo.

La paternidad no viene con un manual y lo que se espera de un papá hoy, no es lo mismo que se esperaba en los tiempos de tu padre. Incluso el término “buen padre” resulta ambiguo: ¿qué hace a un padre bueno y a otro malo? ¿Darle todos los juguetes que quiera, que tu hijo nunca se lastime, nunca regañarlo?

Los tiempos ya no son los mismos.

Los roles han cambiado. Históricamente la madre ha sido vista como el indispensable desde el inicio de la vida del bebé, y al padre se le cree repartiendo chocolates o puros, pero aunque sí hay funciones biológicas como amamantar, que sólo la mujer puede hacer, la presencia del padre desde los primeros días del bebé son igual de importantes para crear un vínculo. Tú compartiste el embarazo junto a la mamá, sentiste cuando pateaba y necesitas el mismo tiempo a solas con el bebé. Estudios demuestran que los padres segregan casi los mismos niveles de oxitocina cuando interactúan con sus pequeños.

Muchas veces oímos de cómo el cerebro de la mamá cambia cuando tiene a su hijo y desarrolla un “sexto sentido” con el que tiene una conexión mucho más fuerte con el bebé, pero nunca hablamos del sexto sentido de los padres, es decir, ese lado paternal (equivalente al lado maternal de las mujeres) existe, aunque por antiguas cuestiones culturales al varón no se le ve como un personaje con una carga de cariño y atenciones, sino de protección solamente. Sin embargo, a ti, papá, ese sexto sentido es el que te permite reaccionar antes que nadie cuando tu hijo se va a caer o golpear o despertar con la más mínima señal de que te necesita.

Aceptar la paternidad puede ser un cambio gradual.

Convertirse en padre es ir aceptando los cambios que esto tendrá en tu vida, algunos los disfrutarás y a otros tendrás que adaptarte, pero la recompensa siempre será más grande. Tampoco te sobreexijas esperando ser perfecto en todo: esto es un trabajo en equipo, a veces la madre necesitará ayuda y a veces tú, lo importante es que no te descuides a ti mismo, ya que si tú estás bien, podrás también darle lo mejor de ti a tu familia.

Este momento lo imaginaste muchas veces y estabas listo para ser papá, o no pensabas que sería lo tuyo y, sin embargo, ahora lo único que te importa es que ese bebé esté bien y harías todo porque así sea. La preocupación por ser el mejor papá y hacer las cosas bien también es normal, mas el hecho de preocuparte por ello ya te convierte en un buen padre; ese título se gana cada día al pasar tiempo con los hijos después del trabajo, jugar con ellos, decirles lo que está bien y lo que está mal, enseñarles a ser felices y, como efecto secundario, ser feliz tú mismo.


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